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Ciencia

L 98-59 d: El Exoplaneta con Océanos de Magma y Atmósfera de Huevo Podrido que Desafía la Ciencia

Un equipo internacional de científicos, utilizando el Telescopio Espacial James Webb, ha descubierto L 98-59 d, un exoplaneta a 35 años luz de la Tierra con temperaturas superiores a los 1.900 grados Celsius y una atmósfera rica en sulfuro de hidrógeno, lo que le confiere un olor a 'huevo podrido'. Este mundo único, con océanos de magma, redefine nuestra comprensión de la diversidad planetaria.

person Redacción Tricuatro calendar_month 1 abril, 2026 schedule 4 min de lectura

El cosmos continúa revelando maravillas que desafían nuestra imaginación y comprensión. Recientemente, el hallazgo de un exoplaneta extraordinario, identificado como L 98-59 d, ha capturado la atención de la comunidad científica y del público en general. Este mundo, que orbita a unos 35 años luz de la Tierra, presenta características tan extremas como fascinantes: océanos de magma fundido, temperaturas abrasadoras que superan los 1.900 grados Celsius y una atmósfera cargada de gases sulfurosos que le otorgan un peculiar olor a “huevo podrido”. Este descubrimiento, reportado por la NASA y detallado en la revista Nature Astronomy, no solo amplía nuestro catálogo de mundos extrasolares, sino que reconfigura la visión científica sobre la diversidad de planetas que existen en nuestra galaxia.

Una Atmósfera Tóxica y Temperaturas Infernales

Las observaciones de L 98-59 d fueron realizadas por un equipo internacional de expertos, quienes emplearon el avanzado Telescopio Espacial James Webb (JWST) en conjunto con observatorios terrestres. Los análisis espectrales, liderados por investigadores de la Universidad de Oxford, confirmaron la presencia dominante de sulfuro de hidrógeno en la atmósfera de este exoplaneta. Esta molécula, conocida por ser la responsable del distintivo y desagradable olor a “huevo podrido”, es un claro indicador de las condiciones químicas extremas que prevalecen en L 98-59 d. Además de su atmósfera sulfurosa, la superficie del planeta alcanza temperaturas de aproximadamente 1.900 grados Celsius, un calor tan intenso que es capaz de mantener vastos océanos de roca fundida. Estas condiciones hacen que L 98-59 d sea un lugar inhóspito para la vida tal como la conocemos, pero un laboratorio natural invaluable para estudiar la geofísica planetaria en entornos extremos.

Un Mundo que Desafía las Clasificaciones Planetarias

Lo que hace a L 98-59 d particularmente intrigante es que no encaja en ninguna de las categorías planetarias conocidas hasta ahora. El estudio publicado en Nature Astronomy describe por primera vez un planeta con una densidad inusualmente baja para su tamaño, que es 1,6 veces mayor que el de la Tierra. Esta característica, combinada con su estructura interna dominada por un océano global de magma fundido, lo distingue de los planetas rocosos típicos y de los gigantes gaseosos. Harrison Nicholls, líder del equipo de investigación, subrayó la importancia de este hallazgo: “Este descubrimiento sugiere que las categorías que los astrónomos utilizan actualmente para describir los planetas pequeños podrían ser demasiado simplistas. Si bien es improbable que este planeta fundido albergue vida, refleja la gran diversidad de mundos que existen más allá del sistema solar. Entonces, cabe preguntarse: ¿qué otros tipos de planetas esperan ser descubiertos?”. Esta reflexión invita a la comunidad científica a reconsiderar y expandir sus modelos de clasificación planetaria.

Reconstruyendo la Evolución de un Infierno Sulfuroso

Para comprender la formación y evolución de L 98-59 d, los investigadores emplearon simulaciones informáticas de última generación, modelando su desarrollo durante casi 5 mil millones de años. Estas simulaciones, cuidadosamente cotejadas con los datos obtenidos por el JWST y otros telescopios, permitieron inferir la existencia de un manto de silicato fundido y un vasto océano de magma capaz de almacenar grandes cantidades de azufre. El equipo determinó que, a lo largo de milenios, gases ricos en azufre, como el dióxido de azufre y el sulfuro de hidrógeno, se liberaron continuamente a la atmósfera superior. Este proceso volcánico constante no solo contribuyó a la conservación de una atmósfera densa y tóxica, sino que también dejó firmas espectrales detectables por el Telescopio Espacial James Webb, confirmando así la hipótesis de un planeta volcánico y con un olor característico.

Hacia una Nueva Categoría de Exoplanetas: El “Infierno Azul”

La singularidad de L 98-59 d es tal que los científicos han propuesto la creación de una nueva categoría para mundos sulfurosos con mares de magma. Su atmósfera, descrita como un “infierno azul” debido a la presencia de gases pesados y temperaturas abrasadoras, no tiene equivalentes conocidos entre los planetas terrestres de nuestro sistema solar. Los autores del artículo afirman que “parece pertenecer a una clase de planeta completamente diferente que contiene moléculas pesadas de azufre”. Esta composición se distancia tanto de los mundos rocosos típicos, como la Tierra o Marte, como de los planetas oceánicos ricos en hidrógeno, como algunos subneptunos. Este descubrimiento subraya la necesidad de una taxonomía planetaria más flexible y diversa que pueda acomodar la vasta gama de configuraciones planetarias que el universo nos presenta.

Orígenes y Transformación de L 98-59 d

El análisis detallado de L 98-59 d sugiere que el planeta probablemente se formó con grandes cantidades de materiales volátiles. Los investigadores plantean la hipótesis de que, en el pasado remoto, pudo haber sido un subneptuno de mayor tamaño, un tipo de planeta más grande que la Tierra pero más pequeño que Neptuno, con una atmósfera rica en hidrógeno. Sin embargo, la contracción y el enfriamiento a lo largo de miles de millones de años, posiblemente debido a la pérdida de su atmósfera original por la intensa radiación de su estrella o por procesos internos, moldearon su estado actual. Este proceso de transformación, que lo llevó a convertirse en el mundo de magma y azufre que observamos hoy, ofrece una ventana fascinante a la dinámica evolutiva de los exoplanetas y nos invita a seguir explorando los misterios que aguardan en los confines de nuestra galaxia.

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