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Ciencia

Revelan pistas del misterio centenario de la Gran Mancha Roja de Júpiter

Un nuevo estudio liderado por científicos del centro Goddard de la NASA desvela detalles sobre la composición y la persistencia de la icónica tormenta joviana, observada desde 1665.

person Luciano Carnevalini calendar_month 22 junio, 2026 schedule 3 min de lectura Agreganos en
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Con casi 190 años de actividad continua desde su redescubrimiento en la década de 1830, la Gran Mancha Roja de Júpiter sigue siendo uno de los fenómenos atmosféricos más fascinantes y enigmáticos de nuestro sistema solar. Un nuevo estudio, liderado por científicos del centro Goddard de la NASA, promete arrojar luz sobre sus secretos más profundos, según lo reportado por National Geographic.

Este colosal vórtice, que fue observado por primera vez por el astrónomo italiano Gian Domenico Cassini en 1665, desapareció de los registros por casi 160 años antes de resurgir con fuerza en la década de 1830. Desde entonces, ha sido objeto de un seguimiento sistemático ininterrumpido, consolidándose como la tormenta más longeva y enigmática fuera de la Tierra.

La especialista en atmósferas planetarias Amy Simon, del centro Goddard de la NASA, encabeza esta investigación crucial, programada para su publicación en la prestigiosa revista Icarus. Simon subraya las enormes dificultades para analizar la composición química de la tormenta, dadas las condiciones extremas y únicas presentes en Júpiter.

La persistencia de la Gran Mancha Roja, sumada a su longevidad, la convierte en un laboratorio natural para comprender los mecanismos atmosféricos de los gigantes gaseosos. El trabajo de Simon y su equipo permite trazar la evolución de este colosal sistema durante casi 200 años, ofreciendo datos valiosísimos para la investigación planetaria.

La persistencia de la Gran Mancha Roja, sumada a su longevidad, la convierte en un laboratorio natural para comprender los mecanismos atmosféricos de los gigantes gaseosos.

En sus primeras observaciones, la Gran Mancha Roja presentaba un diámetro impresionante de entre 40.000 y 50.000 kilómetros, según registros antiguos. En aquel entonces, esta cifra la convertía en una estructura capaz de albergar varias Tierras en su interior, una escala que desafía nuestra imaginación.

Actualmente, las mediciones más recientes indican que el vórtice ha experimentado una reducción, poseyendo una extensión de 12.000 kilómetros en su eje norte-sur y alcanzando los 20.000 kilómetros en dirección este-oeste. A pesar de esta disminución, aún permite alojar dos planetas como la Tierra en su interior, demostrando su magnitud.

Las observaciones sistemáticas, como las realizadas por el telescopio espacial Hubble, han confirmado que las dimensiones de este sistema continúan fluctuando, lo que indica una evolución constante del fenómeno. La ausencia de una superficie sólida en Júpiter es un factor clave para la longevidad y el comportamiento de la tormenta, ya que los vientos no encuentran fricción suficiente para disiparse, permitiendo que esta estructura persista durante siglos.

A diferencia de los sistemas meteorológicos terrestres, la Gran Mancha Roja es un anticiclón gigante que gira en sentido contrario a las agujas del reloj. Mientras que en la Tierra los anticiclones suelen asociarse a buen tiempo, en Júpiter estos sistemas generan vientos extremadamente destructivos y condiciones caóticas, una diferencia fundamental en la dinámica atmosférica.

Este vórtice se mantiene confinado entre dos corrientes en chorro que circulan en direcciones opuestas, lo que otorga una estabilidad asombrosa a su estructura y evita que se disipe. Es esta interacción de fuerzas la que le permite mantener su forma y furia a lo largo de tanto tiempo.

En el interior de la tormenta, los vientos alcanzan velocidades impresionantes de hasta 680 km/h (423 mph), arrastrando nubes formadas por hielo de amoníaco, agua y una serie de sustancias químicas complejas. Esta dinámica interna, unida a la atmósfera compuesta principalmente de hidrógeno y helio, diferencia radicalmente a la Gran Mancha Roja de cualquier fenómeno meteorológico conocido en nuestro planeta.

El estudio liderado por Amy Simon y su equipo también busca esclarecer el origen de las tonalidades rojizas que caracterizan a la Gran Mancha Roja. Según sus investigaciones, compuestos incoloros como el hidrosulfuro de amonio, presentes en las capas profundas de la atmósfera joviana, podrían reaccionar ante el impacto de los rayos cósmicos y la radiación ultravioleta proveniente del Sol.

Aunque esta reacción química afectaría solo a una pequeña fracción de la atmósfera, sería la responsable de la coloración observada, un detalle crucial para entender su apariencia icónica. Sin embargo, Simon señala que determinar con precisión el proceso exacto resulta difícil debido a las condiciones extremas del entorno, que se encuentra cinco veces más alejado del Sol que la Tierra. Los experimentos de laboratorio que intentan replicar estas circunstancias han ofrecido resultados parciales, pero aún no existe una explicación definitiva sobre la paleta de colores que exhibe el vórtice.

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