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Tecnología

Elon Musk planea centros de datos en el espacio para aliviar la crisis energética de la IA

La creciente demanda de energía para la inteligencia artificial y los centros de datos terrestres impulsa a SpaceX a explorar soluciones espaciales, con Starship como clave para la viabilidad económica.

person Luciano Carnevalini calendar_month 14 junio, 2026 schedule 2 min de lectura Agreganos en

La inteligencia artificial (IA) está devorando energía a un ritmo vertiginoso, y la infraestructura terrestre lucha por mantenerse al día. La escasez de obleas de semiconductores avanzadas, como las N3 de TSMC, y la limitada oferta de memorias HBM ya son cuellos de botella críticos. Pero el verdadero desafío, según un estudio reciente, es el suministro eléctrico. Conseguir una conexión a la red eléctrica en lugares como Virginia (EEUU) puede tardar hasta siete años, obligando a las empresas a invertir en sus propias centrales de generación. Se estima que el coste de la energía terrestre superará los 20 millones de dólares por MW para finales de esta década.

Ante este panorama, la idea de centros de datos espaciales, que podría parecer descabellada, cobra un sentido práctico sorprendente. Elon Musk, a través de su proyecto Terafab en Austin, busca fabricar un millón de obleas de semiconductores al mes, destinando el 80% de ellas a estos futuros centros de datos fuera de la Tierra. Esta iniciativa masiva de fabricación de chips requerirá una potencia eléctrica colosal de 10 GW.

La viabilidad de esta audaz propuesta espacial depende en gran medida del éxito de Starship, el cohete superpesado de SpaceX. La compañía prevé una drástica reducción en los costes de lanzamiento, pasando de los 1.400-1.800 dólares por kilo actuales del Falcon 9 a tan solo 250 dólares por kilo con Starship. Esta reducción de costes, combinada con avances en tecnología de radiadores y paneles solares, podría acortar significativamente la brecha económica con la infraestructura terrestre.

SpaceX espera poder lograr reducir los costes de lanzamiento de forma notable en los próximos años, pasando de los actuales 1.400-1.800 dólares por kilo del Falcon 9 a tan solo 250 dólares por kg en la Starship.

Si bien hoy en día un centro de datos espacial es aproximadamente un 260% más caro que uno terrestre, las proyecciones sugieren que a principios de la próxima década esta diferencia se reducirá a solo un 30%. La paridad económica, es decir, que los costes sean equivalentes, se alcanzaría teóricamente hacia 2040.

Sin embargo, no todo es tan sencillo. Existen otros factores cruciales a considerar, como el coste de cómputo a largo plazo. En la Tierra, entre el 3% y el 6% de las GPUs en los centros de datos fallan anualmente y requieren reemplazo manual. En el espacio, esta opción es inviable. Por ello, los satélites de datos espaciales deberán estar sobredimensionados, incluyendo un 20% adicional de chips para garantizar redundancia y compensar fallos potenciales causados por la radiación espacial.

La necesidad de chips resistentes a la radiación y la complejidad de las reparaciones en órbita son desafíos técnicos significativos. Mientras que la Tierra se enfrenta a una creciente demanda energética y cuellos de botella en la producción de semiconductores, el espacio emerge como una frontera potencial, aunque llena de obstáculos, para albergar la infraestructura computacional del futuro.

La inversión en centros de datos espaciales, impulsada por la insaciable sed de energía de la IA y la promesa de lanzamientos más económicos con Starship, plantea una visión futurista. Si SpaceX logra materializar sus ambiciosos planes de reducción de costes y se superan los desafíos técnicos de la computación en el espacio, podríamos estar ante un cambio de paradigma en la infraestructura tecnológica global.

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